Las guerras tienen una cosa buena, solo UNA.
Nos enseñan con gran crueldad lo que estamos a punto de perder.
La vida misma se muestra como lo que es, un tesoro frágil.
En la guerra la vida es sagrada.
Y sin embargo, ahora, en estos tiempos miserables, la protegemos con cicatería, como el dinero cuando lo metemos en el banco.
Ya no sabemos lo complicado, lo díficil, lo maravilloso que es sobrevivir.
Eso solo se sabe cuando se ha vivido una guerra o cuando uno se ha hecho tan viejo que vuelve a necesitar arriesgarse.
No quiero un guerra, dios me libre, pero sí emociones...
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