Habría deseado un tiempo de "imprevisibles" momentos…
ahora ya no es antes…

martes, 27 de diciembre de 2011

Amor, te digo amor y suena diferente...

Amores taxidermistas, que matan, ahogan y disecan todo aquello por lo que un día se enamoraron de ti. Amores carceleros, que pretenden que, además, jamás vuelvas a ver la luz del sol. Amores placebo, que intentan hacerte creer que sin ellos estarías mucho peor de lo que viniste. Amores republicanos, que si no estás con ellos, estás contra ellos.
Amores demócratas, que solo parecen triunfar donde los demás la cagan. Amores perros, incapaces de superarse a sí mismos. Amores taja, que sirven mientras ayuden a olvidar. Amores puente, que sólo te preparan para la siguiente relación. Amores escaparate, que varían según tendencia y temporada.
Amores alfombra, que ocultan aún más mierda de la que se ve. Amores cómoda, orgasmos fingidos a partir del tercer cajón. Amores de primera, siempre con segundas.
Amores en oferta, sólo hasta fin de mes.
Quererse mal y pronto. Quererse tanto por tan poco. Quererse mucho sin ser feliz.
Qué coño, quererse al fin y al cabo.
Por cada forma que existe de quererse bien, hay 99 maneras de quererse de mal en peor...
- Risto Mejide.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Te extraño, y esto duele.

Qué difícil me resulta mirar hacia el futuro. En cambio, es más fácil, o quizás más cierto, aunque más doloroso al menos en mi caso, mirar hacia el pasado. Un pasado repleto de grandiosos recuerdos, buenos y malos, aunque últimamente solo recuerdo aquellos que me hacían sentir bien. Recuerdo imágenes, aquellas tardes y noches sentados en la ermita; pero también recuerdo olores, olor al llegar al autobús cada mañana, al entrar en clase de Eva... o sabores, distintos y ricos sabores de dulces caramelos... y por supuesto, vienen a mi cabeza canciones, "yo mataré monstruos por ti"... Todos estos recuerdos se desvanecen al pensar que no volverán jamás. El mundo grita "son recuerdos, y nada más", y qué duro es pararte a pensarlo. Pensar que no volveré a esperarte sentada en el lado de la ventana del autobús cada mañana, siempre con cosas que contarte, pensar que no volveré a reírme con tal en tal clase, que no volveré a encontrarte en aquel pasillo, que no volveré a levantarme y ver lo que veía, y sobre todo que no volveremos a quedar en aquella ermita y que probablemente no volvamos a ser los mismos, no volvamos a querernos como lo hacíamos. Lo he perdido, y esto duele.